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Dirigente Juan Carlos Carvallo//
¿Hay que sustituir la lógica de los sistemas de salud vigentes?

Nuestro diario deambular no lo absorbía la preocupación por la enfermedad y la muerte como hoy lo induce la amenaza del coronavirus/COVID-19. Lo que no evitaba que fuésemos, según el famoso filósofo alemán Martín Heiddeger en su texto El tiempo y el ser, “seres-para-lamuerte”; en consecuencia, ello debería responsabilizarnos por una sabia escogencia o selección de nuestros posibles existenciales como apertura auténtica al co-estar en este mundo. De aquí que la mitigación trascendente o “superación” de ese destino fatal se pudiera lograr con la autodestinación consciente y responsable ante los demás y el mundo. Siendo esta autodestinación la vía para sentir realización satisfactoria por la existencia experimentada. Pero esto conllevaría, a su vez, la responsabilidad autónoma de cuidarnos para la realización de esa autodestinación.

Juan Carlos Carvallo

Ese cuidado de la vida a fin de no-ser-para-la-muerte tan solo, implica ocuparnos reflexivamente de las condiciones vitales que garantizarían apropiarnos de la reproducción saludable de nuestra existencia trascendente redefiniéndolas. Para ello hay que enfrentar la defensiva inconsciencia de la salud como lo señaló el destacado filósofo-médico Georges Canguilhem, en su texto Lo normal y lo patológico, “el estado de salud es la inconsciencia del sujeto respecto a su cuerpo”. Coincidiendo así con el nada casual título del texto El estado oculto de la salud, del reconocido hermeneuta Hans-Georg Gadamer, para quien “uno no tiene conciencia permanente de la salud ni ella nos preocupa como la enfermedad”.

Juan Carlos Carvallo Villegas

Ya que la salud no es un estado del cuerpo que convoca a la conciencia, afirma Canguilhem, “no existe en rigor una ciencia de la salud”. Para resaltar después, que si “la salud es la inocencia orgánica. Tiene que ser perdida, como toda inocencia, para que sea posible su conocimiento”.

Juan Carvallo

La diferencia cualitativa entre salud y enfermedad no la asumió Canguilhem indiferentemente de las condiciones que las constituyen como tales estados. Para él las normas biomédicas que las definen son arbitrarias si no toman en cuenta los valores autorregulatorios de los organismos mismos en relación con su contexto, “por tanto, para apreciar qué es lo normal o patológico para el cuerpo es necesario mirar más allá de ese mismo cuerpo”. Con otras palabras, hay que vincular los cuerpos con su experiencia vital, su corporeidad, su género o modo de vida para poder definir sus estados. Esto debiera ser la orientación fundamental de las políticas y sistemas de salud o sanitarios de carácter preventivo.

Juan Carlos Carvallo Venezuela

En el presente los cuerpos han sido disociados de géneros y modos de vida adecuados que bloquean e impiden el buen funcionamiento de sus sistemas autorregulatorios. Bastaría con señalar, por ejemplo, la falta inducida de normas o criterios pertinentes para alimentarse correctamente según el contexto para prevenir y regular la reproducción de los virus en el organismo, consumiendo alimentos alcalinos o mineralizadores para contrarrestar la acidificación de la sangre y evitar que se convierta en un medio o caldo de cultivo para la reproducción patógena de virus poniendo en peligro la existencia individual y colectiva. La separación de los cuerpos respecto de su condiciones vitales para favorecer una existencia saludable es producto de la enajenación que los ha envuelto en una relación de extrañamiento de la experiencia de sí mismos y la supeditación o dependencia heterónoma o externa, consistente en la creencia de que el cuerpo es reparable o curable ante cualquier avería, afectación o enfermedad, por otros (los médicos, entre estos), y por los avances tecnoterapéuticos, farmacodependientes, nanotecnológicos remplazadores de partes u órganos, etcétera. Incluso el paroxismo hipertecnológico de la enajenación ha llegado a tales extremos que se ofrece futuristamente una existencia virtual luego de morir (“vida después de la muerte”) con base en la activación artificial del cerebro. Estas últimas opciones promocionadas como aplicaciones de tecnologías de punta y revestidas de ciencia-ficción realizada son expresiones lucrativas de nuevas ramas de acumulación de capital de las industrias multinacionales neoliberales que ofrecen privatizadamente sus productos a una clientela que puede pagar sus altos precios bajo la oferta de prolongar sus vidas saludablemente de modo artificial, excluyendo, en consecuencia, su uso por las mayorías que no los pueden costear. Pero hoy nos estamos dando cuenta que ante la pandemia, sus pretendidos logros tecnocurativos y tecnoinmunizadores no surten ningún efecto, y que, por otra parte, es necesario replantearnos los esquemas o paradigmas que han sustentado los sistemas sanitarios y el modelo médico de salud en franca debacle y crisis, como lo han reconocido las mismas OMS y OPS. Sistemas que están pagando un precio muy alto en morbilidad y mortalidad de sus propios agentes asistenciales (médicos, enfermeras, etcétera)

Surge por tanto, la necesidad, entre otros lineamientos estratégicos para la reformulación de las políticas de salud, de enfrentar la relación heterónoma, de extrañamiento y alienación neoliberal de los cuerpos consigo mismos y con los demás cuerpos para preservar su salud y atender responsablemente las potenciales enfermedades con autonomía y de acuerdo con su contexto al reivindicar los modos y géneros de vida preventivos y curativos que impliquen relaciones sociales alternativas que superen la enajenación. A propósito de esta posible política social estratégica que impulsaría el cambio radical del tipo de sociedad capitalista alienadora prevaleciente, el reconocido salubrista latinoamericano Edmundo Granda se preguntaba “¿es posible que puedan aparecer los objeto-población nuevamente comunicándose, y que a través de la comunicación y la acción se constituyan en actores y sujetos de su propia salud?… si así fuese, la salud pública empezaría por fin a hablar de la salud y la vida, y relegaría a segundo plano la problemática de la enfermedad y la muerte”