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La economía uruguaya se viene recuperando a ritmo lento pero seguro, del impacto de la pandemia

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La economía uruguaya se viene recuperando a ritmo lento pero seguro, del impacto de la pandemia.

Pandemia que, a no olvidarlo, encontró al país en un estado precario, con inflación al borde de los dos dígitos, un déficit fiscal de 5% del PIB, un desempleo alto, y una economía con años de estancamiento. Eso pese a 15 años de crecimiento constante, y épocas de bonanza externa histórica bajo gobiernos del FA.

Pese a que la economía y el empleo ya se han ubicado en niveles superiores a los de prepandemia (desmintiendo posturas de los principales augures económicos del FA), ahora se empieza a desarrollar una nueva narrativa. El discurso dice que hay un boom de las exportaciones, pero ese beneficio no llega a los sectores humildes, ya que sería “acaparado” por los villanos de siempre: estancieros, empresarios, especuladores, amparados por este gobierno “herrerista”.

El lector dirá: “nadie puede ser tan básico y resentido como para promover este discurso en 2022”. Pues se equivoca. Y si no, vea las declaraciones del presidente del gremio de Ancap, Gerardo Rodríguez, quien hablando de la reforma de la seguridad social esta semana dijo que “Los ricos para ser cada vez más ricos, quieren que los pobres trabajemos hasta morir, apropiándose de la riqueza que producimos gracias a un gobierno que cuida sus intereses. Lucha de clases pura y dura”. Así, textual.

Uno podría tomarse para broma una expresión con ese nivel de zoncera, pero sería un error. Rodríguez lidera uno de los gremios más influyentes del país, y sus opiniones calan en mucha gente que no tiene la experiencia o el tiempo para formarse del que dispone este señor.

Pero hay un argumento bien simple, que tira a la basura toda la construcción ideológica de Rodríguez y su “troupe”. Si los “ricos” acaparan toda la riqueza, y con eso fuerzan a los pobres a la miseria, el mundo se arreglaría de manera muy simple: alcanza con sacarle la riqueza a esa gente, redistribuirla a los “pobres”, y la sociedad será más justa, igualitaria, y sostenible.

Uruguay, tras la pandemia, experimenta una recuperación económica más rápida de lo que preveían los augures de la oposición. Por eso, ahora salen con una nueva narrativa, donde los ricos y estancieros estarían acaparando toda la riqueza. El problema es que cada vez que se probó eso, solo se logró más miseria, violencia y autoritarismo. Y si Rodríguez, o cualquiera que honestamente piense como él, tiene dudas, se las puede sacar bien fácil. Pare a cualquier cubano o venezolano que se cruce por la calle (hay muchos por estas fechas), y pregúnteles porqué dejaron su país para venir a morirse de frío a este rincón perdido del planeta. La respuesta es bien simple.

Pero lo que Rodríguez dice con tono ramplón y básico, otros lo sostienen con acento académico. Por ejemplo, días atrás el economista y politólogo socialista, Santiago Soto, publicó un artículo donde afirma básicamente lo mismo. Que pese al boom exportador que vive el país, el salario real de los uruguayos ha caído en el último período. Algo que califica de “paradoja”.

Como decía el Cr. Damiani, los números no mienten, mienten los que manejan los números. Y Soto, haciendo un cherry picking de datos, manipula la realidad para pintar un panorama absurdo. Primero, parece ignorar que el país vivió una pandemia. Y que a la hora de enfrentar sus efectos, el gobierno decidió proteger las fuentes de trabajo, asumiendo un costo en materia salarial. Era una cosa o la otra, como bien sabe cualquier economista (y politólogo).

Gracias a que se decidió eso, hoy la tasa de empleo está bien por encima que la que dejaron los gobiernos que apoyaron tanto Soto como Rodríguez.

Segundo, cualquiera sabe que una mejora en las exportaciones o incluso en la economía, no se traslada inmediatamente al salario. Las empresas, que ya venían mal con los gobiernos del FA, tuvieron en su mayoría que tomar deuda para sobrevivir la pandemia. Y al mejorar los números, lo primero que deben hacer es pagar esa deuda. Recién después de estabilizar esa situación, pueden trasladar su mejora económica a salarios de sus empleados. Bastante obvio, ¿no?

La comparación más clara es con Argentina. El país gobernado por el “clase A” de la política, privilegió el salario por sobre el empleo, y el salario real de los sectores formales incluso mejoró en el último período. Eso sí, en un país devastado económicamente, y con tasas de desempleo y pobreza que dan pena.

Lo que queda claro, es que los países que llevan a la realidad lo que plantea gente como la que hemos mencionado, terminan con situaciones mil veces peor que la que tenemos en Uruguay. Que pese a todas las dificultades, se viene reponiendo de forma lenta pero sostenida, del shock de la pandemia. Las recetas voluntaristas y rápidas para llegar a la prosperidad, solo funcionan en los cuentos de hadas.